Hoy cumpliría mi padre 97 años, murió poco antes de cumplir 81. Nació en un pueblito de los Altos de Jalisco llamado Teocaltiche muy cerquita de Aguascalientes donde realmente vivió desde muy pequeño, ahí estudió la primaria y luego en San Antonio, Tx., High School, volviendo a Aguascalientes para estudiar lo que, en ese entonces se llamaba, Tenedor de Libros y después se llamó Contador Privado, carrera que odió siempre; a él lo que le gustaba eran las Relaciones Públicas y principalmente la hotelería.
Justamente trabajando en un hotel en Cuernavaca conoció a mi mamá que en ese tiempo vivía ahí. Lo demás pues, ya se lo imaginan, decidieron casarse y empezar una familia de la cual descendemos mi hermana Lourdes y yo que, me continué en mis tres hijos, Ana Delia, Rubén y Adriana y en mis cinco nietos, por órden de aparición, Raymundo, Angélica, Estefanía, Ana Daniela y Mariana.
Volviendo a mi padre, sus dos amores fueron la lectura y la música. Tenía un gran amor por los libros, de los que todavía conservamos muchos ejemplares y se podía pasar las tardes oyendo a Beethoven.
Cuando mi hermana y yo eramos chicas, al volver de una temporada alejado de nosotras, nos contaba historias del Rey Arturo, de ahi mi gusto por este personaje y nos cantaba con una bonita voz de barítono canciones antiguas: Marchita el alma, Princesita, A la orilla de un palmar y nos enseñaba a apreciar lo bello dela vida.
Hoy te recuerdo papá como muchas veces a lo largo de estos años sin ti.
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